Thursday, May 14, 2009

De disfrazes de princesa y algo más

Me encontraba curioseando en la tienda de Ollivander’s ante un sin fin de opciones de distintos colores, estilos, texturas, adornos, entre otras variantes. Sin embargo, en mi versión del cuento las varitas mágicas no son el producto comercializado.

Después de invertir un tiempo delicioso recorriendo estante tras estante, mi atención se vio repentinamente concentrada en un artículo determinado. No debía seguir buscando, ese modelito me había elegido, de por vida.
¿Pero cómo adquirir tan deslumbrante belleza si, dada mi naturaleza de mortal, no me era permitido comprar en aquel aparador?

Poco tiempo transcurrió antes de enfrentar la realidad y de que la resignación se apoderara de mí. Era posible pagar para que alguien osara crear una débil réplica, o visitar otros lugares y ser yo quien escogiera al afortunado. ¡Mul mal hecho! Él estaba esperándome en las cercanías de mi caminar.

Recientemente una voz me invitó a no dar tregua a la búsqueda, así que el día de hoy decidí reiniciar los esfuerzos y desarrollar una lista no muy extensa de escaparates que merecían una vuelta darse.

12 pm - Escaparate #1.

Con unos pies torturándome como un justo reclamo por usar zapatos ilegales en forma prolongada, emprendí la vía hacia mi destino. Llegué, toqué, entré y pregunté.

¡Oh dios mío! ¡Oh madre santa! ¡Oh sorpresa! ¡Oh oh oh!

Mi disfraz de princesa se encontraba ahí, en una talla y color que no me favorecían, pero era definitivo que de solicitarlo, el ideal estaba dispuesto a emprender el viaje desde donde quiera que se encontrase.

Ya estando ahí, ¿porqué no permitir que otros ingresaran a la lista? Al final de unas dos horas la respuesta seguía siendo la misma, no más candidatos ni caminatas, ¿dónde firmo?

2 comments:

Gaby said...

¿Será porque yo ya conozco la historia que me confunde esta narración?

Margarita said...

si, yo creo que es por eso ;)
pero por el momento es mejo así.