Saturday, May 2, 2009

Se cumplió

Sólo que...
En el momento equivocado.
En el lugar equivocado.
Y con la duración equivocada.

De niña, en algunos domingos por la noche, solía decir:
“Como quisiera que mañana no hubiera clases, que no tenga que ir a la escuela”.

Si hay en el mundo
una plegaria común
a todo niño y estudiante
se trata de aquella, sin duda.

Tiempo atrás, mis días hubieran narrado:
Lapsos más prolongados de sueño y descanso,
Historias interminables de barbies y muñecos,
Juegos al aire libre con chicos de la edad,
Caricaturas de matiné y novelas por la tarde.

Ahora, la semana ha sido escrita con:
Ocio continuo desde el alba hasta el anochecer
Vigilias que se ciernen tranquilas sobre la madrugada
Apetito inmenso de una probadita de aire fresco, de interacción social, de aventuras exteriores.

Ayer me amenazaron:
Las fechas importantes pueden cambiar.
Manténganse informados.

No, no, no.
Me niego, me rehúso.
Quiero clases, quiero vida.

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