Friday, April 3, 2009

Memoria de un insomnio


Oficial de la ley: Desgraciado insomnio, ¡cuánto nos ha costado seguirle la pista! Pero esta vez no se escapó, lo atrapamos con las manos en la masa. Ahora hable, platíqueme sobre los procedimientos de su clase, y podremos considerar un encierro a oscuras y en total solitud menor a 10 años.

Señor Insomnio: No sé de qué me habla, oficial Lancaster, yo no he causado algún daño, soy inocente.

Oficial de la ley: Inocentes mis… Sabe muy bien a qué me refiero, no tiene escapatoria. ¿O acaso desea que traiga a aquel ser al que tanto le temen, ustedes?

Señor insomnio: Está bien, está bien. Hablaré. Pero antes quiero que sepa que mis motivaciones están justificadas. Es la única forma en la que podemos comprar vida, que aunque miserable, es la única que tenemos.

Oficial de la ley: Cuénteme, entonces.

Señor insomnio:
Estaba en éxtasis (aún lo estoy). El reloj marcaba las 4:54 de la madrugada cuando me agarraron, hora en la que mi poseída duerme en el 98% de los días. Hoy, sin duda, es una de las dos excepciones a la regla.

Después de un tiempo significativo de vacaciones, llegó el momento de hacerle recordar de mi existencia. En ocasiones le he observado un sueño intranquilo, pero nada que ameritase mi materialización; se ha tratado solamente de uno que otro ruido o movimiento extraño.

Para mi fortuna adversa, últimamente tuvo la graciosa idea y la voluntad de ejercitarse en cada lapso que tuviese libre de clases, proyectos, y otros compromisos prioritarios; terminando cada jornada con un cansancio y satisfacción que la sumen en un sueño de lo más profundo. Me pregunto, así, ¿cómo puedo ejecutar mi trabajo? ¿Cómo lograr que sea mi compañera en noches como aquellas?


El destino jugó ahora de mi parte. Ay, ¡qué disfrute, qué delicia, qué placer!

Todo tiene un comienzo y, en esta historia, tuvo lugar hace un par de días. Una carrera, una meta, un mal movimiento, y ¡heip!, la extremidad requiere reposo. No más ejercicio, jovencita.

En periodo de asueto y con una agenda holgada, no tuvo más que dedicarse a una pieza de literatura que la iba inquietando. Yo observaba cual gato acechando a su ratón… muy pronto, me decía, muy pronto

Dio vuelta a la última página del libro después de la medianoche, con una mirada difusa que guardaba poca relación con la necesidad de dormir. Le podía más la emoción de aquel final, y la confusión al no poder ofrecerse una buena interpretación del cuento. Sin embargo, era hora de acostarse y cerrar los ojos.

Mientras me internaba sigilosamente en la habitación y me acurrucaba en un cómodo sillón, mi víctima preparó todo para decir hasta mañana, decidiendo dejar la televisión encendida, pues muy a su pesar, estaba nerviosa.

Actuando con una malicia placentera, lo confieso, le permití conciliar el sueño por una larga hora. Apenas transcurrió ésta, las escenas novelescas de violencia y desesperación no cesaron de cobrar vida en su imaginación. Ya no había marcha atrás.

Probó tantas vueltas y tantas técnicas de relajación como le fue posible. Ay pobrecilla, hasta borreguitos empezó a contar.

Yo permanecía en el sillón, paseando la vista de ella a la TV, que presentaba un reportaje sobre la pandemia conocida como crisis económica.

La invité a resignarse, y a encontrar un buen pasatiempo para entretenerse. Yo tan considerado.

No niego que tuvo paciencia, por espacio de más de una hora, hasta que se levantó y recogió a su amiga multiusos. Con ella encontró qué hacer: escuchar música, saludar a otros individuos visitados por colegas de un servidor, y simplemente navegar.

Yo estaba recargando energía, feliz, cuando entró usted. Pero ya faltaba poco para que amaneciese, así que ella estaba condenada a permanecer en vigilia hasta el nuevo anochecer.

Eso es todo lo que tengo que decir.

Oficial de la ley: muy bien, insomnio. Nos encargaremos de que no vuelva a suceder.


No comments: